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Más o menos eso fue lo que ocurrió en mi brevísima pero intensísima semana de vacaciones. Hace tiempo 2 queridas amigas que de vez en cuando pululan por aquí ;) me dijeron que yo en realidad vivía en un vórtice del tiempo. La semana pasada empecé a pensar que tal vez esté directamente en otra dimensión.
El caso es que en mi escasa y única semana de vacaciones de verano, mis amigas y yo hemos tenido tiempo de:
* pasar un fin de semana en Gredos "todo incluido": fiesta de luces, música y fuegos artificiales sorpresa, baño congelado y relajo campestre en una charca sacada de un libro de hadas, concierto de Sting (qué voz, qué todo) en medio del campo, encuentro casual con antiguos amigos en medio de una maraña de 11,000 personas, visión traumática (y huída consiguiente) de un fantasma del pasado, parada en una gasolinera donde el tiempo no pasa desde hace décadas, y viaje en coche admirando la extraordinaria diversidad del paisaje español. Éso sólo en las primeras 48 horas...
* cena deliciosa y desfasadísima en el puerto de Gijón, días de descanso, relax absoluto (qué estres... cómo estará el precio de las verduras? ;) y mente en blanco tumbarreadas en la playa, durmiendo a pierna suelta, con "la tormenta perfecta", paseos y "moja-piernas" en la orilla a medianoche, ir al cine, cocinar, pasear, y hacer excursiones a Cabos impresionantes. Terminamos los 3 días siguientes conduciendo a través del alucinante Norte de la Península...
* ... para llegar hasta el destino final: Pamplona. Y lo de los San Fermines en compañía del grupo de gente más maravillosa del planeta ya no tiene explicación, así que lo dejaré en INSUPERABLE.
Y todo ello regado con sidra, kalimotxo a raudales, mucha agua, y anécdotas, conversaciones, risas y bromas para llenar toda una vida.
Resumiendo: una de las mejores vacaciones de mi vida. Se podrían haber hecho muchas cosas más, pero con las que hubo ya fue suficiente...
Hoy no hablaré del mar
ni de la inmensidad
ni de ser o no ser.
Hoy no habrá soledad,
hoy el pan es el pan
hoy el vino es volver,
a dejarse caer
descubrir una red,
al final de tu piel.
Sin prentender abarcar
mundos del más allá
te invito a mi casa
que está mas acá.
Hoy la vida es bienvenida
sin metáforas altivas.
Hoy tu boca no es gaviota
ni tus piernas rompeolas
ni tu ombligo caracola.
Hoy no quiero que haya huellas en la arena
que recuerden a sirenas
hoy te quiero conocer
igual que un animal
sin pensar en nada más,
que en el más acá.
Hoy no me haré preguntas
de por qué la luna es tan blanca
si toma tanto el sol.
Hoy no hablaré del reloj
ni del hombre alienado
ni del mundo y su coz.
Hoy no hablaré de los días
con su arena y su cal
con su estrella fugaz.
Hoy me vuelco en tu piel
Tu en la mía también.
Hoy te doy, lo que haría en realidad
si el mundo acabara ya.
Hoy la vida es bienvenida...
(Más acá. Paco Bello)
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